El proyecto de reforma del edificio existente se divide en dos fases claramente diferenciadas.
Una primera fase consiste en la reforma de la vivienda para adecuarla a las nuevas necesidades programáticas del cliente, a saber, modificar el porche existente y poder disponer de un salón-comedor de mayor dimensión.
La segunda fase consistió en el cambio de imagen de la edificación en la que se actuaba.
La reforma parte de entender la vivienda como un contenedor de usos diversos en una superficie continua espacialmente. Así, y para poder definir los nuevos espacios requeridos por el nuevo programa de usos, se considera la construcción de un elemento que fuese desarrollándose continuamente en este espacio único de una manera claramente identificable.
Este elemento se formaliza como una mampara en tablero de madera IPE que permite el paso en su interior de las diferentes instalaciones y de los sistemas de cerramiento exterior.
Perforaciones como pequeñas o grandes ventanas permiten atravesar esta mampara para conseguir determinadas vistas y relaciones entre el interior y el exterior.
La elección de los materiales, las nuevas celosías exteriores de las ventanas, el cambio de color de la fachada, y sobre todo el nuevo diseño del zócalo de acceso consiguen una imagen más actualizada del edificio, un volumen más estilizado que se integra con el exuberante entorno.